Mar de Fondo

“Me gusta mi trabajo. Noto que soy parte del proyecto de futuro de mi empresa, y tomo partido en la toma de decisiones. Siento que la organización tiene en cuenta mis opiniones, y yo, a cambio, estoy dispuesto a esforzarme, y a hacer algunos sacrificios si es necesario, para conseguir que todos los proyectos salgan adelante. Nunca he disfrutado tanto en un trabajo ni en una empresa, como disfruto en ésta”.


¿Cómo se sentiría si uno de sus empleados escribiera algo así?

En el día a día de las empresas, son muchos los empleados que están motivados para realizar su trabajo, y también muchos otros los que no. Lo cierto es que estos comportamientos no son nada nuevos.

Sin embargo, sí podemos calificar como nuevas las herramientas que hoy en día tienen a su disposición los empresarios para conseguir que sus empleados se sientan importantes para su empresa, para hacerles sentir mejor en el trabajo, lo cual deriva en que éstos, de alguna forma, se ven obligados no sólo a señalar lo que no funciona en la empresa, sino a proponer nuevas formas de solucionar los problemas.

Esto ocurre cuando el empleado siente que lo que dice o hace, puede influir en las decisiones que se toman en su empresa y siente que sus acciones tienen una utilidad.

Sin pretender alabar las bondades de una gestión participativa o abierta (no es el objeto de este artículo), lo cierto es que cuando las organizaciones y los trabajadores generan una relación de complementariedad, los resultados acaban siendo positivos tanto para las primeras (productividad, competitividad y beneficios) como para los segundos (salarios). Para ello, es necesario que haya una visión de futuro compartida y una cultura común a largo plazo.

Dicho de otro modo, ¿qué futuro espera a las organizaciones que no tienen en cuenta el futuro de las personas que trabajan en ellas? No muy halagüeño.

Hasta hace bien poco, uno de los principales inconvenientes que argumentábamos desde la dirección de las empresas para poder compartir la visión de futuro y los objetivos empresariales con nuestros empleados, era la falta de tiempo y la incapacidad temporal y material de atenderles, escucharles y tomarles en cuenta; las tareas diarias eran demasiado urgentes y prioritarias como para dedicarse a motivar a los nuestros en las “charlas de café”.

Desgraciadamente para muchas empresas, aquellas urgencias de ayer se han convertido en las ausencias de hoy; ya no hay tantos pedidos que servir, ni clientes a los que atender, y sin embargo, ni incluso ahora, con una actividad empresarial bajo mínimos, los empresarios parecen tener tiempo para compartir el futuro con sus empleados.

Ahora tampoco toca; ahora lo que toca es “trabajar más”, como escuchábamos hace unos días en los medios de comunicación de boca de uno de los dirigentes empresariales del país, y “cobrar menos”.

De lo segundo podríamos esgrimir argumentos a favor, y argumentos en contra.

De lo primero, algunos matizaríamos que, en lugar de trabajar más, lo que debemos es trabajar mejor. No se trata de remar más fuerte, sino de remar en la dirección adecuada; de lo contrario, los esfuerzos serán inútiles.

Y para empezar, podríamos hacerlo aprovechando, como decía anteriormente, las nuevas herramientas que tenemos a nuestra disposición:

Desde hace algunos años, existe una tendencia generalizada por parte de la gente a utilizar la tecnología para conectarse entre sí de diversas formas, y son muchas las fuentes reconocidas que lo vienen indicando (1).

No cabe ninguna duda de que dicha tendencia, antes o después, acaba afectando a las empresas; no hace falta que hablemos aquí del impacto que puede tener en la productividad de las empresas el que sus empleados participen en las redes sociales, aunque ya empiezan a surgir voces que demuestran, con datos en la mano que, en muchas ocasiones, dichos impactos no tienen por qué ser negativos (2).

Lo importante en este caso, si tomamos consciencia y observamos el fenómeno con una visión más amplia, no está tanto en las herramientas en sí, sino en el cambio de comportamiento que implica para las personas.

Ahora, a las inclemencias del entorno empresarial y a las peligrosas olas de la coyuntura económica y financiera, hemos de añadir, además, un inquietante “mar de fondo”, que se extiende lenta pero imparablemente entre nuestros empleados; se trata de un fenómeno social que consiste en que las personas empiezan a utilizar internet para intercambiarse lo que necesitan, sin recurrir a entidades tradicionales, como las empresas.

Se comunican entre sí para recoger las opiniones de los demás sobre los productos y servicios que quieren adquirir, a la vez que formulan sus propias opiniones sobre los productos o servicios que conocen, para que otros las tengan en cuenta.

Y por supuesto, muchos de sus empleados van a acabar inmersos, si no lo están ya, en este mismo mar de fondo.

Antes de analizar cuál es la consecuencia de todo ello para su empresa, detengámonos un momento en analizar porqué se ha originado este fenómeno social:

La mayoría de las fuentes reconocidas citan tres factores a la hora de argumentar los motivos del nacimiento y auge de los “social media” :

  • El primero de ellos, tan antiguo como la propia humanidad, representa la necesidad del ser humano de relacionarse y establecer contacto mutuo con sus semejantes para rebelarse contra el orden establecido y agruparse en torno a movimientos sociales. Es decir, el primer motivo, son las personas y su deseo de conectar con otros.
  • El segundo, la tecnología, es el catalizador del proceso, el verdadero principio activo de la fórmula. Hablamos, como no, de las herramientas de la archiconocida, a estas alturas, Web 2.0, cuya importancia no radica tanto en su novedad tecnológica, sino en la rapidez para conectar a las personas de un modo directo y fácil; cualquier persona, sin conocimientos de informática, puede utilizarlas de forma activa en menos de cinco minutos, y en la mayoría de los casos a un coste cero. Algo radicalmente distinto al software empresarial convencional…
  • Por último, además de la necesidad de conectarse y de la facilidad de la tecnología para hacerlo, la economía. No lo dude, Internet significa dinero, mucho dinero. En muchos casos es el medio más económico para adquirir determinados productos o servicios, y además las personas ya han perdido el miedo a utilizarlo para comprar,… y también para vender.

Es decir, una combinación sin igual hasta ahora de: personas, tecnología y dinero, es la que ha desatado este mar de fondo que provoca la zozobra de su empresa por debajo del agua, de forma lenta e invisible, que se suma, como decíamos, a las inclemencias conocidas de la superficie, como si éstas, por si solas, no fueran suficientes.

Por resumirlo de forma vulgar: por si usted no tenía bastante con que su empresa sufriera un descenso de actividad, ahora, para colmo de sus males, sus empleados se dedican a navegar por internet, por no decir, a vaguear por internet.

¿Pues sabe qué? Si es así, está de suerte. Pero debe ser capaz de aprovecharla.

Si de verdad sospecha que sus empleados dedican parte de su tiempo a intercambiar información en internet con otras personas, en lugar de prohibirlo, foméntelo; en lugar de boicotearlo, promuévalo. Háblelo abiertamente con sus empleados y aproveche sus deseos de relacionarse con los demás en beneficio de su empresa.

Con suerte, algunos de sus colaboradores estarán más o menos al día en el uso de las herramientas colaborativas y del software social, y usted no puede dejar pasar la oportunidad de que su empresa también lo esté. No lo olvide, es un movimiento imparable, un mar de fondo, al que conviene acostumbrarse lo antes posible.

Si le atrae la idea, e incluso si usted mismo ya es un usuario habitual de estas herramientas, le sugiero que “abra definitivamente el melón” y les pregunte a sus empleados acerca de los posibles beneficios y oportunidades que el uso de internet en el trabajo puede traer a su empresa. Y si usted no lo tiene demasiado claro, déjeles a ellos que hablen, que le expliquen para qué los podrían utilizar y con qué fines; eso sí, hágalo con una mente abierta y sin pretender fiscalizar los comportamientos privados o la vida personal de cada uno. Al contrario, permítales expresarse con libertad y verá como entre todos encuentran oportunidades interesantes. Se sorprenderá de la cantidad de valor que puede obtener con ello.

Además, habrá conseguido algo tal vez más importante: que sus empleados sientan que su opinión se tiene en cuenta, y que su trabajo tiene importancia para la empresa: habrá dado el primer paso para que en algún momento, alguno de ellos acabe escribiendo en internet algo parecido al párrafo que inicia este artículo.

Y no tenga ninguna duda, que mucha gente, entre ellos muchos de sus futuros clientes, lo leerán. Es la fuerza del mar de fondo.

(1) (C) Groundswell. Winning in a World Transformed by Social Technologies. 2008 by Forrester Research, Inc. Published by arrangement with Harvard Business School Press. All rights reserved.

(2) https://candidate.manpower.com/wps/wcm/connect/5c540b00403efc13aa05bb662953cdfc/Social_Networking.pdf?MOD=AJPERES&CACHEID=5c540b00403efc13aa05bb662953cdfc

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