“Si quieres trabajar aquí, hazte prescindible…”

Si eres de los que lees este blog desde el principio, recordarás que en nuestro primer post nos proponíamos llevar a cabo la tarea de ayudar el emprendedor y al empresario a:

Utilizar herramientas para reducir costes y aprovechar mejor el tiempo.

Redefinir sus sistemas de organización interna y su estructura empresarial.

Proyectar el rumbo de su empresa hacia el futuro y ampliar su visión del exterior.

Me conviene recordarlo, sobre todo a mí, para usar este blog con la finalidad inicial con la que lo creé, que no es otra que la de aportar soluciones tecnológicas y organizativas a los gerentes y emprendedores.

Lo digo porque ciertamente en mis últimos posts, los temas habían sido una sucesión de acontecimientos y actividades propias de mi actividad profesional rutinaria, que no es el objetivo principal de este blog.

Por eso, y pidiéndoos a todos disculpas por ello, retomamos de nuevo los objetivos y argumentos originales de este blog. Punto y aparte.

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Amigo empresario, estará de acuerdo conmigo en que la realidad actual es muy diferente a la de hace algunos años.

El maldito Internet, y todas esas herramientas tecnológicas que suenan a toda hora en los medios de comunicación, y de las que usted solamente tiene una vaga idea, y cuya utilidad práctica desconoce, están empezando a irrumpir en su propia empresa: hace unos días, su informático le ha comentado que algunos de sus empleados están navegando por Facebook en horas de trabajo; ¡¡hasta ahí podíamos llegar!! “Por supuesto, esto hay que cortarlo”, ha dicho usted, y ha pedido que restrinjan el uso de Internet en los ordenadores de sus trabajadores.

Resulta que su plantilla se ha convertido en una panda de golfos que están todo el día navegando, por no decir vagueando.

Menos mal que ahí sigue como siempre, su empleado favorito, ese que siempre está ahí para hacer lo que usted le pide. Que no ha cambiado para nada su forma de trabajar, y a quien no le afecta la locura esa de Internet que parece haberse adueñado de su equipo de colaboradores. Menos mal que tiene a esa persona, que se ha convertido en imprescindible para que su empresa mantenga, al menos, las buenas costumbres de siempre.

Pues le voy a decir algo, fíjese: si yo fuera usted, precisamente me preocuparía más de ese empleado ejemplar que de todos los demás.

¿De verdad cree usted que, con la que está cayendo, es sensato y responsable mantenerse imperturbable y seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho?

¿Acaso no estamos en el momento de afrontar cambios en el mundo de la empresa?

¿Y cuáles de sus empleados cree usted que estarán más abiertos a ese cambio? Un cambio que su empresa necesita y que pasa, entre otras cosas, por abrir más su mirada al exterior.

Seguramente necesitará encauzar ese ansía y esa curiosidad excesiva de sus empleados por obtener información del exterior (probablemente porque la que encuentran en el interior de la empresa les aburre, y ya no les interesa demasiado), y convertirla en una oportunidad, de forma que todo su equipo le ayude a usted a saber, de una vez por todas, que narices está pasando ahí afuera.

Y de paso, hable con ese empleado fiel y ejemplar, y hágase a usted, y a él mismo, un favor y dígale: “Mira, las cosas están cambiando, y he pensado que, si quieres trabajar aquí, vas a tener que hacerte prescindible”.

La Tiranía de la Nómina, el Precio de la Libertad

Me ha tocado.

Sí, sí, acabo de formar parte del creciente número de personas que van a dejar de percibir una nómina a final de mes.

De hecho, esta semana, a caballo entre dos meses, va a ser la primera en años en que no recibo en mi cuenta corriente el ingreso de turno.

Y lo más extraño de todo es que me siento bien por ello.

He dejado de tener la obligación, por culpa de la nómina, de formar parte de un sistema del siglo pasado, en el que los términos “horario laboral” o “ir al trabajo”, dejan de tener sentido.

No importa, al fin y al cabo, si la decisión de abandonar esta tiranía ha sido mía o de otros, lo importante es el proceso que está desencadenando en mi interior:

Podría pensar que es un problema, que con los tiempos que corren, es mejor tener algo seguro, aunque sea malo, que no tener nada.

¿Nadaaaaa? Más bien al contrario, ¡no tener nómina es tenerlo todo!

– Tener el tiempo necesario para reflexionar sobre lo que sabes, puedes y quieres hacer en la vida. ¡Y para dar un salto en mi personalidad, mi autoestima y mi desarrollo personal!

– Tener la libertad para poder organizar mi tiempo, planificar mi vida y priorizar lo que es realmente importante. ¡Y hacer otras cosas distintas a trabajar entre las 9 y las 19h!

– Tener una actitud positiva cada día para salir a la calle a vender mi proyecto profesional a clientes que lo valoren. ¡Y ganar lo suficiente, casi sin darme  cuenta, y sobre todo, divirtiéndome mientras lo hago!

Mientras escribo este blog hablan de nuevo en la radio de que la economía debe cambiar, de que los antiguos modelos del trabajador industrial no tienen valor en la nueva Era del Conocimiento.

¡Que suerte, que buen momento para dejar por fin la tiranía de la nómina y unirme a los nuevos tiempos! De la noche a la mañana a mi se me ha presentado la oportunidad de unirme a ese cambio.

¡Estaba tan obsesionado por cobrar esa nómina a fin de mes, que apenas era consciente de lo bajo que era el precio de mi libertad!

¿Cuál es el precio de la tuya?